Sobreprotección

Entro en una librería con un encanto especial en el centro de Barcelona. El encanto viene porque está especializada en viajes, en ella puedes encontrar libros sobre muchas partes del mundo.

 

La disposición de la librería ha variado desde la última vez que vine. En cada una de las dos plantas, el espacio dedicado a los libros se ha visto reducido en favor de dos ambientes nuevos que han aparecido: una oficina de viajes en la planta calle y una cafetería en la planta del sótano.

 

Con el primer vistazo a la planta superior cubierto bajo a la cafetería. Es una cafetería modesta, pequeña y parece tranquila. Tras el mostrador hay una camarera y una pequeña cocina. En la parte de los clientes sólo dos mesas individuales están ocupadas: una señora lee el periódico en la mesa más cercana a la entrada, y un poco más allá en un sofá, es un chico joven el que lee un libro detenidamente.  Mi sensación es que se les ha acabado la consumición hace tiempo y la lectura les ha abducido quedándose absortos durante horas.

 

Mesa preparada con libro, libreta y refresco
Dispuesto a leer
Me acerco a la barra,  pido un refresco y elijo una mesa amplia, voy solo pero hay que dejar sitio para los bártulos que traigo, vengo directamente desde el trabajo. La mesa está situada en frente de la sección de Asia así que cuando ojeo los libros de la zona, no dudo y cojo Samarcanda de Amin Maalouf. Preparo la mesa para tener todo listo, pero cuando lo tengo todo dispuesto, me siento y abro el libro...me entra el miedo.

 

Me entra el miedo de que le pase algo al libro, no es mío y no me gustaría que por cualquier torpeza mía lo estropeara: puedo tirar el vaso, la botella, una baba traicionera o que se me caiga al suelo y lo manche. Empiezo a leer, pero lo protejo tanto que me doy cuenta que no estoy disfrutando de él.  Habré leído diez páginas,  muy bonitas,  pero no tengo las sensaciones que esperaba así que lo cierro y me pongo simplemente a observar y pensar sobre mis cosas.

 

Acaba de llegar una pareja joven. La chica le pide a su chico que se siente, que ella va a pedir a la barra. Al poco vuelve, se sientan y hablan tranquilamente los dos. La pose de ella es ligeramente inclinada hacía delante, mientras que él parece querer un poco de espacio echando el cuerpo hacia atrás. Llegan la camarera con la bandeja, pregunta para quién es cada cosa y les pregunta si desean algo más, y la chica corta enseguida la conversación decidiendo de forma segura.

 

La camarera ha traído un café para ella y una copa para él, pero en cuanto deja la copa cerca de él. La chica aparta un poco su café y trae la copa hacia ella. La examina, la huele e incluso prueba un poco; da su visto bueno y le devuelve la copa a su chico. Ahora sí, ahora puede probarlo.
Libreta con la escena anotada
Mis apuntes
La escena me incomoda un poco, mi imaginación ya ha hecho de las suyas y ha relacionado la sobreprotección de mi libro con la sobreprotección de una persona. Cuando protegemos algo en exceso, lo mimamos, seguramente lo hacemos con la mejor de las intenciones pero de alguna forma impedimos que eso crezca y sea algo más, que nos proporcione sentimientos más intensos, estamos acabando con su esencia...y todo...porque le queremos.

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